Mi padre es una fuente de inspiración para mí. Todo lo que ha logrado ha sido a base de mucho esfuerzo, dedicación y constancia. He sido testigo del camino que ha tenido que recorrer con su emprendimiento y de su sacrificio como padre de familia.
Todo comenzó con un sueño de superación y el deseo de darnos una mejor calidad de vida. La familia había crecido con el nacimiento de mis hermanos Paula y Jorge. Los gastos aumentaron y el salario de su empleo ya no era suficiente para cubrir las necesidades familiares, así que, con mucha incertidumbre, pero, con gran entusiasmo, decidió convertirse en un emprendedor y tener su propio negocio.

Él, solía preparar para ocasiones especiales como nuestros cumpleaños o una reunión familiar, unos panes riquísimos. Estos panes eran de una receta de mi abuela quien le había enseñado a prepararlos. Recuerdo en más de una ocasión escuchar comentarios de amigos que probaban los panecillos decir cosas como “si vendieras estos panes ganarías mucho dinero” o “¿por qué no te dedicas a venderlos?”, así que cuando decidió tener su propio negocio, lo hizo pensando en vender esos panes.

Al principio alternaba su trabajo en la fábrica con la venta de los panes, mientras consolidaba el negocio. Para él era físicamente agotador. Luego de cumplir su jornada en la fábrica donde trabajaba, llegaba a preparar los panes y luego salía a venderlos, y aunque inicialmente las ventas no eran muy alentadoras, él seguía confiando en que eso cambiaría.
Pronto se dio cuenta que tenía que dejar su empleo para poder dedicarse completamente al negocio y hacerlo que funcionara, así que renunció a su trabajo. Mi madre se preocupó porque aunque era insuficiente, su sueldo era lo único seguro que teníamos, igual decidió apoyarlo.
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Lamentablemente el negocio no despegaba y las cosas en casa estaban tensas y con muchas necesidades. La situación económica había empeorado. Sin embargo, mi papá no se rindió, al contrario, se levantaba aún más temprano y salía a buscar clientes para sus dulces, en varias oportunidades lo acompañé y lo vi llorar luego de no conseguir buenas ventas, pero también lo vi secarse las lágrimas y sonreír, mirarme y decirme “todo estará bien, ya lo verás”.

Cuando más apretaba la necesidad en casa, una llamada al móvil de mi papá cambió las cosas, al ver su sonrisa, supe de inmediato que algo bueno había sucedido y no me equivoqué. Era el primer gran pedido que le hacían. A los dueños de un reconocido abasto al que fuimos a llevar unas muestras gratis de los panes, les encantaron y habían solicitado un pedido grande, mi papá aunque no tenía la capacidad aún de cumplir con esa exigencia, tomó el riesgo y aceptó. Durante 2 días trabajó casi sin descansar, nosotros ayudamos, pero él parecía una máquina y trabajaba incesantemente.
Lo acompañé a entregar el pedido. Recuerdo claramente la cara de felicidad al llegar al abasto y entregar los panes. Luego de este pedido, siguieron otros y otros, y de repente ya la cocina de la casa se hizo pequeña para preparar allí los panes. Por eso, mi papá decidió alquilar un local. El negocio crecía y ya podíamos disfrutar como familia del fruto de este emprendimiento.

Pero, cuando todo estaba marchando bien, surgió una situación que amenazaba con perjudicar seriamente el negocio. Mi padre, por desconocimiento no había cumplido con las responsabilidades fiscales del negocio y además no tenía en orden la contabilidad. Estaba en problemas.
Todos en la familia nos preocupamos, no era para menos. El negocio estaba expuesto a fuertes sanciones y algo había que hacer. Mi papá, en busca de asesoría se contactó con los dueños de la fábrica para quienes trabajó. Ellos le recomendaron contactar a una empresa llamada Vesco Consultores, especialistas en la materia. Así que mi papá los contactó y pudo reunirse con ellos.
Afortunadamente él encontró allí profesionales que una vez que revisaron toda la documentación e información que solicitaron, pudieron asesorarlo y ayudarlo a organizar y resolver la situación fiscal y contable del negocio. La verdad fuimos afortunados al contar con la recomendación de los dueños de la fábrica y el increíble trabajo de Vesco Consultores.

Mi papá aprendió mucho de esta situación que también puede ser la de muchos emprendedores y empresarios. Como mencioné al principio, soy testigo de todo lo que él lucho por hacer realidad un sueño y darnos una mejor calidad de vida.
Ha sido un buen padre de familia, esposo y empresario, que supo cumplir con su rol familiar y empresarial y además ser exitoso. Por esto y por muchas cosas más, lo amo, lo admiro, lo tomo de ejemplo de constancia, de lucha, dedicación y superación.
¡No me pudo tocar un mejor padre que él!
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Emprender en familia: preguntas frecuentes sobre nuestro camino
Mi padre decidió emprender motivado por el deseo de mejorar la calidad de vida de nuestra familia. Con el nacimiento de mis hermanos y el aumento de gastos, su salario como empleado ya no era suficiente, por lo que tomó la valiente decisión de iniciar su propio negocio.
Comenzó vendiendo unos panes especiales que solía preparar para eventos familiares. Era una receta heredada de mi abuela y tuvo tanto éxito entre familiares y amigos que decidió convertirla en el producto principal de su negocio.
Inicialmente, mi padre mantenía su trabajo en la fábrica durante el día y se dedicaba a hornear y vender los panes en su tiempo libre. Esta etapa fue muy dura físicamente, pero era necesaria mientras el negocio tomaba forma.
Dejó su trabajo cuando se dio cuenta de que para que el negocio prosperara debía dedicarle todo su tiempo y energía. Aunque fue una decisión arriesgada, lo hizo convencido de que su emprendimiento valía la pena.
Al principio, las ventas eran bajas y la situación económica familiar empeoró. A pesar de ello, mi padre nunca se rindió. En lugar de desmotivarse, trabajó más duro, saliendo a buscar clientes todos los días.
Luego de ofrecer muestras gratuitas a un abasto local, los dueños quedaron tan impresionados con los panes que hicieron un pedido grande. A pesar de no tener la capacidad inmediata para cumplirlo, mi padre aceptó el reto.
Ese primer gran pedido marcó un antes y un después. A partir de allí llegaron más encargos y el negocio creció tanto que tuvimos que alquilar un local. Fue el inicio del verdadero crecimiento empresarial.
El mayor error fue no tener en orden la parte fiscal y contable. Esto puso en riesgo el negocio debido a posibles sanciones. Afortunadamente, pudo resolverlo a tiempo con la ayuda de especialistas.
Gracias a una recomendación, mi padre contactó a Vesco Consultores. Ellos revisaron su situación fiscal y contable, lo asesoraron correctamente y lo ayudaron a regularizar todo, salvando así el negocio.
Aprendí sobre la importancia de la constancia, la fe en uno mismo, la responsabilidad familiar y la capacidad de levantarse ante las dificultades. Su historia me inspira a luchar por mis sueños sin rendirme.
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